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Agricultores desesperados con la floración improductiva

El agronegocio fundado en las grandes extensiones de monocultivos está matando las abejas y aumentando el calentamiento global
Paulo Cannabrava Filho

Tradução:

Usted que es agricultor, o que no lo es, pero tiene su pequeña granja en las afueras, o vive en la ciudad y cuida de un bello jardín y de algún árbol de fruta, sabe bien de la utilidad de las abejas. Más que utilidad, usted conoce la función vital de las abejas para la productividad de las plantas.

En las escuelas nosotros aprendíamos (¿será que todavía enseñan en las escuelas?) y los profesores enseñaban que son las abejas que hacen la polinización que hace posible, por ejemplo, que una flor en el naranjal se transforme en una naranja.

El agronegocio fundado en las grandes extensiones de monocultivos está matando las abejas y aumentando el calentamiento global

Reprodución
¿Por qué las abajas están sumiendo?

Por eso, los productores de naranja en mayor escala, le ceden espacios en sus plantaciones a los apicultores para que pongan sus colmenas. Los cítricos, sin la polinización de las abejas y otros insectos, sencillamente no producirían. 

En casa tengo una planta de limón criollo, una de naranja, otra de mandarina, una jabuticabeira y un guayabo, además de tres plantas de pitanga. De repente, así de un día para otro, esos árboles se llenaban de flores y todas caían sin dar un solo fruto. ¡Caramba! todas ellas son muy bien cuidadas, charlo con ellas, riego, abono con mucho cariño ¿por qué no fructifican? 

Fui al interior y traje una colmena de Jataí –abeja nativa, pequeñina, sin aguijón como todas las nativas, y de altísima productividad. ¡Que belleza! Los árboles dieron flores y frutos. Las abejas han abandonado la colmena original, pero se esparcieron por el vecindario y no hemos tenido más problemas con las floraciones. Las abejas están haciendo su trabajo.

En los Estados Unidos, las instituciones científicas están alertando las autoridades del país para el gran riesgo a la agricultura provocado por la progresiva desaparición de las abejas. Saben que eso sería una catástrofe alimentaria.

¿Por qué las abajas están sumiendo?

Son dos las razones y es muy fácil comprobar y comprender.

Primero, por la aspersión de lo que llaman de “defensivo agrícola”, pero que en verdad es puro veneno mortal para la naturaleza, o sea, cualquier ser vivo, y plantas son seres vivos, como los animales y los humanos. Hacen eso con máquinas parecidas con las que usan para la cosecha y con pequeños aviones equipados para eso. Y la vaporización del veneno se esparce incluso por el vecindario, matando insectos que son esenciales para el equilibrio de la naturaleza. Matan la propia vida reproductiva de las plantas.

La segunda causa son los monocultivos en extensiones de tierra a perder de vista en el horizonte. Se ve eso viajando por las carreteras: océanos de caña, verdaderos desiertos en que sólo se ve soya, ninguna otra vida, ni gente.

Em otras áreas, particularmente en el centro-oeste y norte, el avance del desmonte para crear ganado, ganado para carne de exportación. Escenario común en São Paulo, Paraná, en Mato Grosso del Sur y del Norte, y está se alastrando por el centro-oeste y por la Amazonía.

Otra alerta de la comunidad científica es que esa agricultura y ganadería extensivas, con el uso de productos químicos tóxicos está contribuyendo para acelerar el calentamiento global. ¡Ojo! Ese calentamiento global puede sí, afirman los científicos, llevar al fin del mundo.

Es sencillo, se puede ver. Ni la soya, ni la caña, ni los inmensos pastizales ofrecen sombra dónde uno se pueda refrescar. Pero hay sombra debajo de un árbol ¿no?

Pastizales producto del desmonte desenfrenado en que millones de bueyes (más bueyes que gente en este inmenso Brasil) deambulan bajo un sol inclemente y expelen carbono y metano producidos en la digestión. Y ese desmonte ya liquidó más del 80 por ciento de la Mata Atlántica y avanza implacablemente sobre la selva amazónica.

¡Ojo! Los árboles son necesarios para mantener la vida en la tierra, en un ciclo incesante de cambio de unidad y energía entre la tierra, la atmósfera y el cosmos. Donde no hay árboles hay desiertos y donde hay desiertos no hay vida. Por eso es válido llamar de inmensos desiertos de soya o de caña.

El desmonte constante e irracional, sin control, está provocando la desertificación en muchas áreas que han dejado de ser agrícolas en Brasil.

Resumiendo. La agricultura y el agronegocio vienen siendo practicado por propietarios ni siempre legales de inmensas extensiones de tierra que no dejaron en pie un árbol siquiera, porque impediría el paso de las máquinas sembradoras, cosechadoras y envenenadoras. Es decir, disminuiría el lucro de esa gente.

¿Quién es esa gente?

Ahora llegamos al punto. Esa gente es que está expulsando a los agricultores de sus tierras, o simplemente alquilando la tierra donde antes se plantaba comida, para producir para exportación y sustentar la plutocracia que está en el poder, allá en Brasilia.

Son esos predadores, matadores de indios, quilombolas y de las poblaciones ribereñas, son esos terratenientes que están masacrando la agricultura familiar y de pequeña propiedad. Son los que ganaron la elección en esa primera vuelta y están actuando cómo si ya estuviesen en el poder.

Es esa gente, los malos patrones que quieren liquidar con los derechos de los trabajadores duramente conquistados, que quieren seguir con su obra destruidora. Son esos que quieren liquidar con la vida en la tierra, usando el nombre de Dios, de Cristo y de la Biblia. Son esos que tenemos que impedir que asuman el gobierno.

El 80 por ciento de la población no puede seguir siendo gobernada y ordenada por los 10 por ciento más ricos. Está en la hora de que la tortilla se vuelva, invertir el orden de las cosas. ¡Piensen! La democracia no puede estar al lado de un militar expulsado del ejército que sólo predica la violencia. Votar en Bolsonaro es votar por todo lo malo que está sucediendo.


As opiniões expressas neste artigo não refletem, necessariamente, a opinião da Diálogos do Sul do Global.
Paulo Cannabrava Filho Iniciou a carreira como repórter no jornal O Tempo, em 1957. Quatro anos depois, integrou a primeira equipe de correspondentes da Agência Prensa Latina. Hoje dirige a revista eletrônica Diálogos do Sul, inspirada no projeto Cadernos do Terceiro Mundo.

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